Inés Carmona: la estudiante de Prepa Tecmilenio que encontró su lugar en la robótica
A los 11 años, Inés Carmona Pando dijo que sí a una clase de robótica sin saber que esa decisión la llevaría a representar a su equipo, viajar a competencias internacionales y convertirse en finalista del Leadership Award 2026 de FIRST.
Hoy, con 16 años, Inés cursa segundo semestre en Prepa Tecmilenio Chihuahua y forma parte de Devolt, equipo de robótica que también impulsó a Kamila Ortega, la primera estudiante mexicana en ganar este reconocimiento. Su historia empezó con una curiosidad simple, pero poderosa: entender cómo se hacen las cosas.
Conoce la historia de Inés y cómo la robótica se convirtió en un espacio para crecer, liderar y descubrir que una clase puede abrir caminos que cambian la vida.
De la curiosidad al equipo Devolt
Antes de llegar a Devolt, Inés ya buscaba respuestas en lugares poco comunes para una niña de su edad. Uno de ellos era el taller de su abuelo, donde veía piezas, herramientas y reparaciones de aires acondicionados. Ahí empezó a mirar la tecnología con curiosidad y asombro.
“Siempre buscaba descubrir cómo se hacían las cosas. Me acuerdo que cuando estaba muy pequeña, mi abuelo tenía su taller y cada vez que iba a su casa me metía a ver qué tenía y le preguntaba”, compartió.
Esa curiosidad encontró un nuevo camino durante la pandemia, cuando su mamá le propuso tomar clases de robótica. Inés aceptó. Primero asistió a sesiones en línea impartidas por integrantes del equipo y, después, a un curso presencial donde conoció a quienes más tarde serían sus coaches.
En ese curso recibió la invitación para integrarse a Devolt Kova, el primer equipo femenil de robótica en Chihuahua, dentro de la categoría FIRST LEGO League. Lo que inició como una actividad de sábado terminó por influir en su decisión de estudiar en Prepa Tecmilenio Chihuahua.
“Elegí entrar a Prepa Tecmilenio por el equipo. Llevo aquí desde 2021, cuando tenía 11 años, y me enamoré de la escuela, de robótica y de todo. Me invitaron a formar parte del primer equipo femenil de robótica en Chihuahua, que es Devolt Kova, y desde el momento en que entré sentía que iba a ser una parte importante de mi vida si me quedaba”, recordó.
¿Qué significa formar parte de FIRST?
En FIRST, Inés descubrió que la robótica no termina en el robot. En sus primeros años participó en FIRST LEGO League, categoría donde niñas y niños construyen robots con piezas LEGO y también desarrollan un proyecto de innovación para resolver una problemática.
“Lo que más me llamó la atención del equipo, aparte de los viajes y que conocían un montón de lugares, fue que tienes que crear un proyecto de impacto. En FIRST LEGO League te dan un reto y tienes que crear una solución innovadora aparte del robot”, explicó.
Ese enfoque le mostró que una idea creada por niñas y niños podía llegar mucho más lejos de lo que imaginaba. Al conocer ejemplos de proyectos con alcance mundial, Inés entendió que la robótica también podía convertirse en una forma de transformar la realidad.
“Me sorprendió pensar que niñas y niños de 10 años podían crear algo que después se inventara y se usara en el espacio. Ahí entendí que esto podía llegar mucho más lejos”.
Esa primera competencia confirmó que había encontrado un lugar donde la emoción, el cansancio y el trabajo del equipo se mezclaban en cada partida.
“Mi primera competencia fue donde me di cuenta que esto es lo mío. Sientes la adrenalina cuando pasas a la cancha y acabas la partida. Se te olvida que casi ni dormiste, se te olvida todo”.
En ese primer regional, su equipo femenil ganó el juego del robot, fue campeón del torneo y recibió el premio de diseño del robot.
“Era la primera competencia del equipo femenil y ganamos el regional. Llegamos y demostramos lo que podíamos hacer”.
Liderar un equipo y aprender desde cero
Con el paso del tiempo, Inés avanzó a la categoría FIRST Tech Challenge, donde los robots dejan de construirse con LEGO y requieren piezas, mecanismos y programación más compleja.
Ese cambio también trajo una nueva responsabilidad: convertirse en capitana de Devolt Kova Femenil.
“Fue aprender junto con mi equipo desde cero, porque ya no construyes con LEGO, ya construyes con tornillos de verdad”, dijo.
Como capitana y driver, Inés aprendió a tomar decisiones entre una partida y otra. En su primer regional de esta categoría, cada ronda implicaba revisar el robot, ajustar piezas, resolver fallas y volver a la cancha. En medio de ese ritmo, hubo un momento que le mostró el alcance de su ejemplo.
“Una señora y su hija nos dijeron: ‘¿ustedes van a la final?, ¿ustedes dos niñas?’ Y la niña nos vio con una cara de ilusión. Estaba atrás de nosotras echándonos porras. En ese momento entendí que lo que habíamos logrado podía inspirar a más personas”.
Más que robots: proyectos con impacto en la comunidad
Para Inés, FIRST también significa llevar STEM a otras personas. Cuando llegó a FIRST Robotics Competition (FRC), dejó por un tiempo la parte de mecánica y se integró al área de administración e impacto del equipo. Ahí descubrió otra forma de vivir la robótica: a través de clases, proyectos y acciones con la comunidad.
“Algo muy importante de estas categorías es que no es solo hacer robots por hacer robots. Parte de lo que hace un buen equipo es compartir todo lo que es STEM con tu comunidad”, explicó.
Desde esa área, Inés empezó a coordinar acciones que conectaban la robótica con necesidades reales de su entorno y con nuevas oportunidades de aprendizaje para más personas.
“Ser capitana de este equipo me llevó a crear proyectos en casas hogar, a coordinar clases de STEM para niños, a hacer colectas de despensa, ropa y juguetes. En el equipo aprendí que no se trata solo de hacer un buen robot; también se trata de formar buenas personas”, compartió.
Esa visión también la llevó a participar en el proceso para obtener el Impact Award, reconocimiento de FIRST que evalúa cómo un equipo transforma su comunidad. Al conocer este premio, Inés entendió que Devolt ya tenía una historia que contar: las clases, proyectos y actividades que el equipo llevaba a niñas, niños y jóvenes podían abrir caminos reales.
“Yo estoy aquí por una clase que se hizo un día, entonces lo que hace el equipo realmente funcionan. Buscamos qué se necesitaba para contar todo ese impacto y ese año ganamos el Impact Award en el regional de Arizona, lo que nos dio el pase al mundial”, recordó.
El liderazgo que se aprende con otras personas
Para Inés, liderar no empezó con un cargo. Nació al observar cómo cada integrante del equipo encontraba su lugar, aprendía algo nuevo y aportaba desde habilidades distintas.
“Lo que he aprendido de las personas es ver todo el crecimiento que tienen y todo lo que tienen para aportar. Eso es lo padre de estar aquí: siento que todos encuentran su lugar”, compartió.
En el equipo también aprendió a convivir con personas distintas, viajar con ellas, trabajar bajo presión y reconocer que el liderazgo se construye con tolerancia, escucha y acompañamiento.
“Aprendes que no todo gira alrededor de ti ni de lo que tú quieres. En el equipo convives con muchas personas, aprendes a entenderlas y a trabajar con ellas”, dijo.
Además de la parte técnica, el equipo fortaleció sus habilidades de comunicación. Presentar proyectos, explicar el impacto del equipo y defender ideas frente a jueces se convirtió en una parte clave de su crecimiento.
“Yo no sabía hablar en público, no sabía cómo presentar, y ahora hasta aprendí inglés. En mi primer mundial, hasta saludar era difícil porque no me entendían; ahora pude pasar a presentar siete minutos en inglés, y eso para mí es uno de esos grandes logros”.
En los días previos a una competencia, cuando muchas personas buscaban respuestas al mismo tiempo, Inés entendió que liderar no era repartir órdenes, sino ayudar a que cada quien confiara en lo que sabía hacer.
“Liderar no se trata de decir: ‘tú haz esto y tú haz lo otro’. Para mí es acompañar, ser como ese colchoncito al que pueden llegar cuando están en modo de estrés. Yo no sé todo de todo, pero sí puedo recordarles que están en esa área por algo, que conocen su trabajo y que, al final, vamos a dar lo mejor. Si ganamos algo, qué padre; y si no, lo intentamos a la que sigue”, compartió.
Cómo Prepa Tecmilenio le ayudó a encontrar su lugar
Para Inés, estudiar en Prepa Tecmilenio Chihuahua le ayudó a reconocer el valor de una comunidad donde cada persona puede encontrar un espacio propio. Esa idea también conecta con su experiencia en Devolt, donde llegó antes de iniciar la preparatoria y convirtió el taller en una parte central de su vida.
“La manera en la que está hecha Tecmilenio te permite encontrar tu lugar. Hay mucha diversidad de personas y eso hace que puedas encontrar tu grupo de amigos. He visto compañeros que tal vez en secundaria no la pasaron tan bien y ahora tienen un grupo con el que comparten lo que les gusta. Eso también se refleja en el taller: cada quien encuentra a dónde pertenece”.
La prueba de que la robótica puede cambiar vidas
Cuando piensa en esa niña que eligió una clase de robótica, Inés reconoce que esa decisión le abrió una ruta que no podía imaginar: viajes, aprendizajes, competencias y recuerdos que la acompañarán siempre.
“A mi Inés de 10 años le diría que siga su corazón. Cuando me contaron que el equipo acababa de ir a Japón, yo me imaginé viajando a muchos lugares; ahora he ido a Houston, Colorado, Monterrey, Ciudad de México y Torreón más veces de las que hubiera pensado. Le diría que lo intente, porque tal vez no sea la robótica a lo que se va a dedicar, tal vez sea el piano o pintar, pero si no lo intenta nunca va a saber qué es. No se va a arrepentir, porque tendrá recuerdos que van a durar para siempre”.
Ser finalista del Leadership Award de FIRST también le permitió mirar su historia como parte de algo más grande. Para Inés, este reconocimiento no habla solo de una trayectoria individual, también refleja a las personas que enseñan, acompañan e invitan a otras a descubrir su propio camino.
“Este premio no es solo por las cosas que he hecho, también involucra la historia de muchas personas que llevo conmigo. Todo es como un efecto mariposa: una persona estuvo aquí por otra persona, esa persona invitó a alguien más y esa invitación terminó por traerme a mí hasta aquí”.
En Devolt, esa cadena de aprendizajes ya tiene una historia visible. Inés recuerda que varias personas del equipo han sido reconocidas con este premio y que Kamila fue la primera estudiante mexicana en ganarlo en el mundial, una muestra de lo que el equipo construye dentro y fuera de la cancha.
“Es la prueba en números de que aquí entras y te cambia la vida. En el equipo siempre decimos una frase: primero armamos personas, luego tuercas y tornillos. Los robots van después”.
Desde esa mirada, Inés también deja un mensaje para otras y otros jóvenes que dudan si probar algo nuevo: escuchar, aprender de quienes les rodean y decir que sí a las oportunidades que pueden abrir su propio camino.
“Aprende todo lo que puedas de todas las personas que puedas. Di que sí a las oportunidades que se presenten, aunque al principio no sepas a dónde te van a llevar. Si te invitan a un curso o a algo nuevo, inténtalo; con el tiempo, el camino se va armando solo”.
La historia de Inés recuerda que una clase, una invitación o una decisión tomada con curiosidad puede abrir caminos inesperados. En su caso, la robótica la llevó a competir, liderar, compartir STEM con más niñas, niños y jóvenes, y comprobar que los robots también pueden construir personas.
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