¿La tecnología decide por nosotros? En el marco del Congreso Internacional de Plataformas Digitales Educativas (CIPDE), realizado el 6 de febrero, Luis Gutiérrez, vicerrector académico de Tecmilenio, abordó esta inquietud con una visión transformadora: la inteligencia artificial (IA) redefine la educación, pero el propósito orienta su sentido.
Su ponencia colocó en el centro una idea contundente: la educación digital con propósito no compite con la tecnología, la guía.
La pandemia cambió las reglas del juego en los salones de clases. Luis Gutiérrez explicó que, de acuerdo con diversos datos recientes, las calificaciones de los jóvenes subieron un promedio de ocho puntos, mientras el tiempo dedicado a las tareas disminuyó tres horas.
Esta eficiencia aparente nace del uso de herramientas digitales que procesan información a velocidades antes inimaginables. Vivimos en la era de la hiperproductividad, donde la IA ejecuta la producción académica con solo un par de clics.
Pero surge una pregunta inevitable: ¿qué sucede con el pensamiento profundo?
Durante su intervención, Gutiérrez señaló que delegar procesos cognitivos a un algoritmo reduce la fricción intelectual. Y sin fricción, no hay desarrollo del criterio propio. ¿De qué sirve una calificación perfecta si el conocimiento no pasó por un proceso de reflexión personal?
La inteligencia artificial en educación no representa una amenaza, funciona como un habilitador. Universidades y escuelas deben adoptar un uso ético de esta tecnología bajo límites claros. La clave reside en la estandarización y automatización de procesos administrativos y evaluaciones sumativas para liberar espacio hacia lo humano.
A pesar de sus avances, existen fronteras que la tecnología no cruzará en la próxima década. La IA resuelve el presente, pero ignora las intenciones futuras. No puede motivar a un(a) estudiante, realizar un acompañamiento emocional auténtico ni ofrecer una mediación de conflictos basada en la empatía. Estos pilares pertenecen exclusivamente al docente y al propio estudiante.
Durante décadas, el sistema educativo valoraba la acumulación de datos; hoy el entorno exige discernimiento. El desafío ya no consiste en memorizar datos, sino en analizarlos con evidencia y asumir responsabilidad sobre cada decisión. Para navegar esta transición, Gutiérrez propuso dos estrategias vitales:
La educación digital con propósito exige conciencia y voluntad. Asumir decisiones frente a cada herramienta tecnológica fortalece el juicio crítico y define el perfil profesional y humano del estudiantado. En ese espacio de elección reside la verdadera libertad: la capacidad de humanizar la tecnología en lugar de delegarle el pensamiento.
¿Cuál es la persona que queremos formar en este entorno digital? En Tecmilenio proponemos una evolución del aprendizaje significativo hacia el aprendizaje del propósito. El éxito no implica obtener un empleo bien remunerado al graduarse; buscamos que el trabajo se convierta en una extensión del propósito de vida.
El propósito funciona como un GPS mental. "Tú le dices a dónde quieres llegar y la herramienta te muestra la ruta", explicó Luis Gutiérrez durante su conferencia. Cada decisión que tomas hoy —qué redes sociales consumes, a quién sigues o cómo enfrentas un examen— construye tu futuro.
La tecnología acelera procesos, pero no sustituye el juicio humano. Cada herramienta exige una decisión consciente. Allí se encuentra la posibilidad de humanizar la tecnología.
En esa elección reside la posibilidad de humanizar la tecnología.
En Tecmilenio colocamos el propósito en el centro del aprendizaje. Impulsamos una educación digital con propósito que integra innovación tecnológica con desarrollo humano, para que la inteligencia artificial se utilice con criterio, ética y responsabilidad.