El equipo Teenek no nació con una gran ceremonia ni con una planeación perfecta. De hecho, ellos mismos lo cuentan con una honestidad encantadora: el equipo “salió de la nada”. Se formó casi al último momento, con estudiantes que no se conocían al cien por ciento, pero que compartían algo decisivo: las ganas de llegar lejos.
Desde Tampico, Alejandro Chin, Isabela Segoviano, Guillermo Chong y Edgar Reyes, estudiantes de Ingeniería en Mecatrónica, junto con Kevin Herrera, estudiante de Ingeniería Industrial, llegaron a Innovation Meet Up 2026 con una propuesta para el reto de VIVA. No solo ganaron ese desafío. También conquistaron el reconocimiento como ganador de ganadores, el máximo premio de la final nacional celebrada en Tecmilenio Cancún.
El camino no fue lineal. Kevin recuerda que el desarrollo del proyecto tuvo momentos buenos, tensos, confusos y emocionantes. “Hubo bajos, hubo altos, hubo momentos donde nos sentíamos súper unidos y luego donde no tanto”, cuenta. Pero esa mezcla, lejos de romper al equipo, los obligó a encontrar una dirección común.
Eligieron el reto de VIVA porque les abrió muchas posibilidades. Mientras otros equipos exploraban soluciones con inteligencia artificial u otras tecnologías, ellos voltearon hacia un público distinto: las personas que viven lejos de un aeropuerto y que, por esa distancia, ven el avión como algo ajeno o difícil de alcanzar.
“Nos pusimos a pensar en un público diferente, en las personas que ni siquiera tienen la posibilidad de volar en avión”, dice Kevin. La frase tiene más fuerza porque ellos también viajaron por primera vez en avión para llegar a Cancún. Esa experiencia personal terminó por darle alma al proyecto.
La propuesta de Teenek parte de la idea de conectar el transporte terrestre con el aéreo para facilitar el viaje de personas que viven en localidades sin aeropuerto. En vez de ver al autobús como una alternativa separada del avión, el equipo lo convirtió en aliado.
La solución no apareció de inmediato. Primero imaginaron otros caminos, incluso un simulador para que las personas pudieran experimentar los movimientos de un avión. Pero una llamada nocturna cambió la conversación. Todavía no tenían definida la propuesta final cuando surgió una pregunta que les movió todo el panorama: si muchas personas llegan en autobús, ¿por qué no conectar ese trayecto con el vuelo?
“Dijimos: tenemos que traer gente del autobús al avión. Y luego pensamos: ¿por qué no llevamos el avión a la gente de esos lugares?”, recuerdan. Ahí nació el corazón de Teenek: acercar el aeropuerto a quienes hoy lo sienten lejos.
La idea destacó porque no se quedó en la superficie. El equipo salió a campo, visitó centrales de autobuses, entrevistó personas y registró datos en Excel. No era solo una presentación bonita ni una solución imaginada desde el escritorio. Era una propuesta construida con voces reales.
“Nos embarramos las manos”, cuentan. Fueron a las centrales, escucharon a la gente, recopilaron información, revisaron rutas y aprendieron sobre temas que no formaban parte de sus clases habituales. Para un grupo de estudiantes de primeros semestres, eso implicó un salto enorme.
La mayoría del equipo estudia Mecatrónica, con excepción de Kevin, que cursa Ingeniería Industrial. Esa combinación ayudó, pero también los obligó a salir de su zona conocida. La programación del prototipo fue uno de los retos más grandes. Apenas cursaban segundo semestre y tenían bases iniciales, pero aun así se repartieron el trabajo y enfrentaron líneas de código que, al principio, parecían demasiado.
También tuvieron que entrar a temas financieros. Kevin tomó un papel clave en esa parte, mientras el resto investigó rutas, costos, modelos de operación y datos sobre la industria aérea. Aprendieron sobre benchmark, ROI, fuentes, validación y hasta sobre cómo presentar mejor una solución ante una empresa.
“Conocimos mucho respecto al mundo de las aerolíneas. Tal vez no teníamos ni las bases de ese conocimiento, pero ahora estamos muy empapados de información”, explica Kevin. Lo dice con una mezcla de orgullo y sorpresa, como quien todavía procesa todo lo que aprendió en muy poco tiempo.
El apoyo de sus docentes también fue importante. El equipo reconoce que Tecmilenio les abrió puertas y les dio orientación cuando los temas se alejaban de lo que ya dominaban. Esa guía les permitió convertir una intención valiosa en una propuesta más sólida, con estructura, datos y viabilidad.
Llegar a Cancún ya era, por sí mismo, una experiencia memorable. Para varios integrantes del equipo, el vuelo fue el primero de su vida. Edgar lo recuerda como algo “increíble” y “fuera de lo común”. Habla del nervio, de la ansiedad antes de subir al avión, de esa emoción difícil de explicar cuando algo que parecía lejano de pronto ocurre.
Esa vivencia fortaleció el sentido del proyecto. No hablaban de movilidad como concepto frío. Hablaban desde la experiencia de quien entiende lo que representa tomar un avión por primera vez. Para ellos, viajar no fue solo trasladarse de Tampico a Cancún; fue descubrir una posibilidad.
Por eso Alejandro habla de la “calidez” de la propuesta. Le emociona pensar que, si el proyecto se implementa, algunas de las personas que entrevistaron podrían usar las rutas que ellos imaginaron. “Va a haber gente que nosotros entrevistamos que va a decir: son los chavos que nos hablaron de este proyecto”, comenta.
Esa conexión humana es una de las partes más poderosas de Teenek. El proyecto une puntos en un mapa, sí, pero también une historias. “Es gente que está lejos, pero a la vez está tan cerca”, dice Alejandro. Para él, ahí vive la esencia del reto, conectar personas, pueblos, ciudades y oportunidades.
Cuando llegó el momento de la premiación en Innovation Meet Up 2026, Teenek ya había vivido varios triunfos personales. Habían armado un equipo desde cero, habían desarrollado una solución, habían viajado por primera vez en avión y habían defendido su propuesta frente a evaluadores y representantes de empresa.
Pero ganar como equipo de ganadores cambió todo.
Kevin lo vivió con especial emoción. “Yo soy becado del 100%. Nunca me imaginé estar en Cancún, ganar, mucho menos”, comparte. Para él, la experiencia fue “una maravilla de la vida” y una prueba de lo que puede ocurrir cuando un equipo confía en el proceso.
También hubo una noticia que elevó aún más el momento: según les compartió VIVA, la propuesta tiene posibilidades reales de implementación y conservaría el nombre Teenek. Para un equipo estudiantil, ese paso marca una diferencia enorme. No se trata solo de ganar una competencia. Se trata de ver cómo una idea nacida en clase puede tocar la vida de personas reales.
Cuando piensan en las próximas generaciones de estudiantes, el equipo no duda: vale la pena participar. Guillermo lo dice de forma directa: “Que se avienten”. Aunque exista miedo, aunque alguien dude de su talento o piense que no es suficiente, la única forma de descubrirlo es entrar al reto.
Edgar coincide. Para él, el miedo no debe detener a nadie. “Que sigan sus sueños como nosotros los seguimos, sin importar las dificultades, los problemas o las situaciones que vengan con el proceso”, dice. Esa frase resume mucho de lo que vivieron: diferencias, cansancio, dudas, investigación, trabajo de campo, código, finanzas, vuelos, presentaciones y, al final, una victoria que les confirmó que el esfuerzo tenía sentido.
Alejandro cierra con una idea que podría quedarse pegada en la mente de cualquier estudiante que piense participar en el próximo Innovation Meet Up: hay que confiar en la propuesta y sentir orgullo por el trabajo propio. “Volteen a ver su propuesta y denle una sonrisa, porque es su trabajo”, dice. Él recuerda que, aunque tenía miedo de equivocarse y no siempre se sabía todas sus partes, se sostuvo en la confianza. Desde el principio repetía que serían ganadores de ganadores.
Y lo fueron.
Teenek llegó a Innovation Meet Up 2026 como un equipo formado casi por accidente. Regresó a Tecmilenio Tampico con una historia que parece escrita para inspirar a otros: cinco estudiantes que se atrevieron, escucharon a la gente, aprendieron lo necesario y propusieron una forma de acercar el avión a quienes todavía lo sienten lejos.
La próxima gran idea puede empezar igual: con una duda, una conversación de noche, un equipo que todavía no se conoce del todo y una decisión sencilla, pero poderosa: aventarse y volar, volar, volar.